10 marzo 2016. “Ya sólo quedaban cinco…”

 

Las culturetas

Ya sólo quedaban cinco de aquel nutrido grupo que íbamos de excursión a “la capi”.

Nos conocimos acudiendo a clase de Historia del Arte y desde el principio hubo muy buena conexión entre nosotras.

En nuestras giras a Madrid hemos visitado exposiciones, museos, sitios emblemáticos…, y siempre con mucho interés e ilusión.

También a ésta nuestra bonita ciudad. Tertulias, narraciones, cine, paseos… ¡qué bien lo hemos pasado!

 

 

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Ya sólo quedaban cinco.

Cinco días para salir de la clínica en la que había decidido ingresar para superar su alcoholismo y donde llevaba cinco meses.

Se sentía realmente confuso ante la situación, toda su familia se encontraba feliz porque por fin había terminado ese duro período pero el no estaba seguro de si podría volver a tener su vida anterior.

Hasta la época del boom inmobiliario había desempeñado magistralmente su profesión como vendedor de sueños pero la burbuja había estallado y el no había podido asignar los últimos chalets y comenzó una vertiginosa etapa de nervios y estrés cuyo nivel fue aumentando de día en día y terminó refugiándose en el alcohol haciendo daño a su mujer y a toda su familia.

 

 

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Barcelona, 17 enero 1944.

Ya sólo quedaban cinco peldaños para llegar al portal. Bajaba contento, silbando una canción. El baile de esa tarde le endulzaba el ánimo. Un sonido seco retumbó en sus oídos. Paró de golpe. Un disparo. -No, ahora no, por favor-. Se abalanzó al interruptor que estaba junto a la puerta y lo giró. Se pegó a la pared y se quedó inmóvil, sin apenas respirar. Sus sentidos en alerta. Se oían pasos, voces, alboroto. Parecía lejano, afortunadamente. Tras unos minutos eternos empezó a moverse , a oscuras, hacia el interior del edificio. Subió la escalera en absoluto silencio, como un felino. Al llegar al tercer piso esperó antes de llamar a la puerta. Se oían voces femeninas, alegres. No encajaban en ese funesto momento. Se decidió a llamar con los nudillos, el timbre sonaba demasiado agudo. tuvo que repetir la llamada antes de que una voz preguntara:

 

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Un extraño suceso.

Ya sólo quedaban cinco horas para terminar mis vacaciones en Berlín. Una ciudad llena de historia que siempre me había llamado mucho la atención, ya llevaba allí cuatro días y durante todo ese tiempo una sensación extraña me invadía, era como que todo me llegaba muy dentro. En esas horas previas a mi partida, había decidido volver a visitar el Monumento en memoria a los judíos de Europa asesinados, porque había perdido mi cámara y el día que estuve había grabado impresiones en ella que quería volver a plasmar. Pedí prestada su cámara a un amigo y quedé con él y el resto en vernos en el hotel, una hora antes de salir para el aeropuerto.

Me encaminé hacia el monumento, una gran superficie llena de losas de hormigón de distintas alturas, algunas de una altura superior a los cuatro metros, colocadas tanto en vertical como horizontal por lo que en algunas de las zonas la sensación puede ser un poco agobiante.

 

 

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En busca del empleo perdido…

Ya solo quedaban cinco minutos, expectación, después de cinco angustiosos días esperando la llamada, tras cinco años de estudios y viajes, con cinco idiomas en mi currículum, un único deseo: oír al personal de recursos humanos estas cinco palabras: ¡enhorabuena! El trabajo es tuyo.

 

 

 

 

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Ya solo quedaban cinco….

Solo eran cinco pasos, solo eso. En cualquier otra circunstancia  cinco pasos no significan nada, pero en este momento  es la diferencia entre el horror y el qué;  el seguir como hasta ahora, un presente conocido, en el que en ocasiones hasta encuentro  paz y seguridad, y por qué no decirlo, hasta, creo que amor; por lo menos eso me dice siempre, que sin mí no puede vivir, que yo soy  el amor de su vida. Y yo me lo creo porque ¿adónde voy  a ir yo si lo que tengo se lo debo a él?, Yo sin él no soy nadie. De hecho no he sido capaz de ganarme la vida  ¡Si no hubiera sido por él!