Caperucita Roja

.Sebúlcor, 14 de abril, 2016

Querida Caperucita:

Muy señora mía, espero que al recibo de la presente se encuentre bien, yo bien a Dios gracias.

Lamento mucho no poderme dirigir a usted por su nombre de pila ya que en todas las historias que he leído y escuchado de usted, no lo menciona. Y le llamo de Ud. Porque imagino que, desde que la conozco, de esto hace mucho, habrá ido cumpliendo, como todos, sus años.

Perdóneme Caperucita  el atrevimiento pero, aprovecho esta oportunidad para comentarle algunas cosas que siempre me ha tenido muy preocupada. ¿Cómo es que nunca se dio cuenta de que el lobo la engañaba?

Tengo que confesarle que cuando mi madre, ahora reconozco, con una paciencia infinita, me leía todas las noches a petición mía su historia, siembre albergué la esperanza de que Ud., en algún momento se diera cuenta de que el lobo no era de fiar. ¡Todo el mundo lo sabe! Me decía yo. Así que todas las noches con mi madre sentada al borde de mi cama, no siempre de buena gana, yo esperaba impaciente que ese día por fin fuera el día en el que se percatara de la estrategia del lobo y que o bien  no atendiera a su requerimiento o simplemente no le hiciera caso y se fuera directamente a casa de su abuelita.

¡Pero no¡  Mi desilusión  se hacía realidad todas las noches. Ya no me interesaba  que mi madre continuara con la historia, ya me la sabía y mi desesperación la confundía,  no entendía que me enfurruñara y le dijera de mala gana que se fuera, que no quería oír más, acompañando mis gritos con insultos hacia su persona. ¡Cómo podía ser tan tonta, por Dios!!!

Dudo mucho que esta carta le llegue, dado su confianza hacia todo el mundo, incluso a los lobos,  aun así, le agradecería que me contestara y por favor, dígame su nombre de pila, lo de caperucita a su edad no creo que le pegue mucho.

Reciba un fuerte abrazo de su ferviente seguidora

 

Blanca Nieves.

(Julieta Alba)