Don Sindimio, su gente, su pueblo.

Sep 3rd, 2018 | por Elcantal | Categoria: Cartas a redacción, Miscelánea

 

Don Sindi se nos ha ido. Con naturalidad, con sencillez. Como ha vivido. Disfrutando de su gente, y regalándonos sus últimas palabras, sus últimos “abrazos”,  su humor cargado de ternura. Un ejemplo hasta el último aliento.

Julián Cordero le escribió hace unos días, antes de su partida, con espontaneidad y profundo cariño estas palabras que compartimos quienes le conocemos.

“Buenos días, Sindi. Dicen que los buenos alumnos saben reconocer a un buen maestro y agradecerle su labor. Pues queremos decirte- aunque tú ya lo sabes – que nosotros te tenemos como ejemplo vital, como nuestro MAESTRO. Te reconocemos como buena gente y nos enorgullecemos de tenerte como amigo. Ojalá algún día seamos capaces de poner en práctica tus lecciones, tus acciones: de ser un espejo tuyo. Tus amigos y alumnos te dicen: Don Sindi, tú SÍ QUE VALES”

Amó a Cantalejo tanto como a su Turégano del alma. Y compartió preocupación con sus amigos por el estudio del  Vilorio:  su medio natural, su economía, su historia, su etnografía… Transcribimos dos artículos que sobre el  origen del nombre de Cantalejo publicó El Adelantado de Segovia en 1994. Precisamente el nombre de esta  revista, que también se hizo eco en su día  de uno de estos artículos, nace de esta hipótesis.

 

Hipótesis sobre el nombre de Cantalejo.

ENTRE LA FANTASIA… Y LA   REALIDAD.

En la narración publicada en El Adelantado de Segovia el 16 de agosto de 1994 bajo  el título  ENTRE LA FANTASIA… Y LA   REALIDAD I  se intentaba explicar el origen del nombre de Cantalejo de forma novelada. Sugería el relato que  el nombre de nuestra ciudad tendría su explicación en el hecho de que la primitiva aldea se habría levantado sobre un pequeño cantal. De ahí el nombre de Cantal-ejo.

Trascribimos los dos artículos  que bajo el título genérico “Entre la Realidad y la fantasia” nos publicó el mismo periódico  los  días  16 y  20 de Septiembre y donde intentamos justificar con datos la veracidad de la   hipótesis que se formulaba en el primer escrito de  16 de agosto.

 

 ENTRE LA FANTASIA… Y LA   REALIDAD II

Cal y canto. Calle pequeña

La presencia de cantos rodados cerca del pueblo y la existencia de topónimos similares nos indujo a pensar a Sindimio García, a Julián Cordero y a mí  que el origen del nombre de Cantalejo bien pudiera ser en el fondo  el que de forma fabulada he narrado en las páginas precedentes. Fue una intuición. Sin embargo la última noche de Reyes de 1993 nos topamos  en Segovia  con Marciano Cuesta, el entrañable catedrático de literatura del instituto de Cantalejo que iba con un diccionario en la mano ¡Cómo no! con el que anduvimos divirtiéndonos aquella noche jugando a buscar palabras “singulares” en la barra del “El Castilla”, ante la mirada un tanto atónita de otros clientes. Creemos   sinceramente desde entonces que en ningún bar debiera de faltar un buen diccionario.

-Busca Cantal, Marciano, por favor. A ver si viene.

– Cantal: cantizal, lugar donde abundan los cantos rodados, los guijarros.

Si existía el  sustantivo cantal- cuestión fundamental- Cantalejo, como creíamos podría ser su diminutivo, igual que Almendralejo  lo era de  Almendral.

Desde entonces hemos  intentado encontrar más datos que refuercen la verosimilitud de la hipótesis.

Rastreando la toponimia de nuestros pueblos se descubre que, con relativa frecuencia, son nombres  colectivos que, como Cantal,  les identifican con la presencia abundante en ellos de un elemento vegetal , animal, geomorfológico…: Romeral( Toledo); Acebuchal (Jaén); Zarzal y Colmenar (Madrid);  Moral de Hornuez, Carrascal y Arenal (Segovia); Almendral, Bodonal y Esparragal (Badajoz); Carrizal ( Gran Canarias);Berrocal (Huelva); Pedregal (Córdoba y Guadalajara);Pedernales (Burgos) ; Los Yesales (Albacete)…

Los últimos gorrones. Tras calle Cervantes

La misma toponimia de los  parajes de Cantalejo y lugares próximos  conserva alguno de estos nombres: Tobizal,  Zarzeral, Hoyal, Regajales, Enebral, Verdinal, Guijares …

Tampoco es difícil encontrar este tipo de topónimos en diminutivos como Cantalejo, Almendralejo  (Badajoz); Marmolejo ( Jaén); Berrocalejo (Ávila y Cáceres); Moraleja y Pinarejo( Segovia); Albadalejoi (Cuenca); Zarzalejo, Pajarejo y Encinarejo( (Córdoba); Almendralejo ( Almería)…

En la mayoría de los casos el reconocimiento del elemento es sencillo: Esparragal, Arenal, Zarzalejo, Marmolejo, Almendralejo…son pueblos en los que abundan los espárragos, las arenas, las zarzas, los mármoles, los almendros…. En otros, más difícil.

Es lo que habría sucedido con el nombre de Cantalejo.  Al desaparecer, en buena medida, el elemento ( el canto rodado) y, sobre todo, su uso, se habría olvidado al tiempo el significado del sustantivo, cantal. Este hecho explicaría porqué hasta hoy no se ha defendido esta sencilla hipótesis sobre el origen del nombre de nuestro pueblo.

Ahora bien, ¿existió realmente ese pequeño cantal? Creemos firmemente que el pequeño cantal existió y que ocupaba la pequeña loma de 964 metros donde se asentó la primitiva aldea y donde hoy se levanta el núcleo de Cantalejo..

Sería un cerro “testigo” o cotarro cubierto de cantos rodados o gorrones como popularmente les llaman las personas mayores  de Cantalejo a estos cantos. Este cerro, el de la Ermita, el de la Atalaya, los del Camino de Carragolvan, en Cantalejo; y otros que emergen sobre las  arenas, como cabezuelas, por los términos de los pueblos colindantes, habrían sobrevivido a la erosión por la especial dureza de su arcilla y de su toba. Estos cantos, de que parecen  estar sembrados, procedentes de la erosión de las cuarcitas habrían sido arrastrados por corrientes fluviales durante el terciario  desde el Macizo Central y depositados sobre las arcillas preexistentes entre los sedimentos que llevaban estas aguas. El hecho de que este pequeño cerro estuviese prácticamente  rodeado de arenas y delimitado por ellas, le daría una singularidad y una especificidad al lugar que no tendrían otros cerros. Cuando se refiriesen a Cantalejo estarían hablando no de un cerro cualquiera sino de  aquel pequeño cantal rodeado de arenas facilmente identificable. Si el pueblo se levantó sobre ese cerro, pudo ocurrir que fuera ésta la causa determinante del nombre. Se le llama Cantalejo porque el pueblo se levanta sobre un lugar que tiene este nombre.

Resulta curioso  ilustrativo y corrobora la más que probable veracidad de esta hipótesis el hecho de que existen lugares próximos con nombres prácticamente idénticos al de Cantalejo.

Es el  caso del sitio conocido en Fuenterrebollo como Cantosal, sustantivo que el  diccionario define como el lugar donde hay muchos cantos, como ocurre realmente. Este mismo nombre es el que tienen un camino y un cerro en Veganzones. En Sebúlcor, los Guijares es un cotarro arcilloso donde se pueden observar multitud de cantos rodados. Guijar significa precisamente eso: sitio donde abundan los guijos, pequeños guijarros.

Pared “corral”. Calle Iglesia

Por tanto Cantalejo, los Guijares  y Cantosal son topónimos prácticamente idénticos  que constatan la existencia de tres lugares en los que su elemento característico y definidor es el canto rodado o el guijarro. Si existe un Cantosal en Fuenterrebollo y Veganzones, un cotarro llamado  Los Guijares   en Sebúlcor, nada más normal  que haya un cerro llamado Cantalejo  que pudo dar nombre a la primitiva aldea que allí se asentó. El Cotarrillo, nombre con el que se conoce a la parte oeste del pueblo  sería  el equivalente al arrabal, la parte menos alta  cuyo   núcleo,  con su iglesia, estaba   asentado sobre el cotarro.

Ahora bien ¿Dónde se están los cantos de aquel pequeño cantal  entre arenas? Se han puesto de pie. O están ocultos tras capas de asfalto o de cemento. Nos explicaremos y al hacerlo intentaremos mostrar que el canto rodado fue un elemento entrañablemente unido a la vida de los primitivos habitantes de Cantalejo  por lo  que no sería de extrañar que este factor fuese determinante para que aquella ladera se llamase Cantalejo.

 

ENTRE LA FANTASIA… Y LA REALIDAD III

Despejada la cal o el barro de sus fachadas por el paso inexorable del tiempo, las paredes descarnadas de sus viviendas  nos muestran cientos de cantos clavados en la cal y en el barro. La casita de la calle Cervantes, la que alberga el antiguo lagar de la calle Empecinado por donde “baja” el Escorial y el muro de la casa de que hay detrás de la iglesia … son tres buenos ejemplos.

Cerca. calle Aniceto Marinas

Otras viviendas aún esconden los gorrones tras una capa de  cal más dura que el cemento  o les muestran a trechos: la muy vieja de dinteles blanqueados de la calle Lepanto; las de las calles Norte, Padilla, Maldonado, Oviedo, Carralaguna, el Arrabal…;  La que , en las plazas de  El Cotarrillo y de Alemania hacen esquina con Eloy Gonzalo  y Juan Bravo; las de “El Pozo de la Carrera”…

Éstas y otras casas, en estado ruinoso, muchas de  ellas, que sobreviven a base de pegotes de cemento o bloques y ladrillos nada estéticos, y – ojala nos equivoquemos- desahuciadas, hablan , mejor que la palabra, que el canto rodado fue el elemento arquitectónico esencial hasta comienzos de este siglo en Cantalejo porque era el material más  al alcance de sus gentes. Lo que no impidió, como es lógico, que estas construcciones  populares  conviviesen  con otras más nobles de caliza: la iglesia, la ermita,  casas de las familias más pudientes…

Pero si es notoria la presencia del canto rodado en las viviendas – muchos de sus portales también estaban empedrados – no es menor esta presencia en los muros de las cercas que hay al borde del pueblo: la paredes hechas a cal y canto de las Eras de la Cruz, de El Humilladero, de las Erillas, las paredes de los huertos de  Carralaguna, de las Lagunillas, de la calle Serrador;  Las de las fincas de la Nava, de la Calleja, de las Fuentes, del Pior, de Prao Carda… se caen a cachos atropelladas por el tiempo y el progreso.  Como cayeron las del “Tío Isidrón” , la de “Los Achicanes”- delimitan propiedades estos muros – y otras que un día estuvieron en el centro del pueblo.

Pared huerto. Camino Carragolban

No acaba aquí el notable uso que ha tenido el canto rodado en la historia de Cantalejo:  la calle Obispo Castro Alonso que el señor Rufino Moreno “ Maquetes” de 88 año recuerda colaboró a  enmorrillar en dos ocasiones y la calle Empedrada estaban hechas de morrillos, nombre con el que nuestros mayores también designan a los cantos rodados.

Hasta en torno a mediados de siglo  las carreteras de Cantalejo a Cuellar y  a Sebúlcor  estuvieron empedradas con cantos que se machacaban o cascaban  con la maceta o maza para dar firmeza al suelo mezclándolos con tierra. “Los de Cantalejo llegábamos hasta el cerro de La Muña; desde allí los de otros pueblos, entre ellos los de Hontalbilla (fuente blanca , por el color de la piedra del manantial que  dio nombre al pueblo) utilizaban una caliza blanca que aguantaba menos que  nuestros gorrones”.  En la de Sebúlcor pasaba algo parecido.

La carretera de la Ermita que como las calles se arreglaba en Hacendera también se recebaba con estos guijarros. Incluso algunas eras como las que hay enfrente de la Cercona, a la salida de la carretera de Cuéllar,  están enmorrilladas para facilitar la trilla.

Algunos mayores se recuerdan recogiendo cantos por las tierras del e término- “en los cerros es donde más había”-  para estos trabajos comunitarios.  Como recuerdan a cuadrillas de toledanos  que con seis u ocho burros cada uno acarreaban la piedra en serones; y a familias cantalejanas- la de los “Pascualones”, por ejemplo, muy numerosa- que se ganaba la vida recogiéndolos con espuertas y transportándolos en el  carro hasta los lugares donde se necesitaban.

Además de servirnos en nuestra juventud p ara “cantearnos” ( arrojarnos piedras) con los  chicos de Cabezuela, nos  atrevemos a formular otra hipótesis sobre el uso  de los cantos rodados en Cantalejo.

En un momento difícil de concretar, alguien como Andrés ,el protagonista de nuestra narración fabulada, intuye que, clavando  pequeños, cortantes y afilados fragmentos  procedentes del machaqueo de los cantos, en tablones de madera  se podría crear una herramienta revolucionaría para triturar con facilidad la paja de los cereales y separar los granos de la espiga.  Como se descubriría que, determinadas formas y calidades de los cantos, facilitaban su fractura y consiguientemente  la obtención de  las “chinas”.

Fachada rehabilitada. Calle Juan Bravo

Durante un tiempo se buscarían, se seleccionarían y utilizarían piedras próximas al pueblo  pero las cualidades muy especiales que requerían y  su lógica escasez irían obligando  a los trilleros  a buscarlas cada vez más lejos. Al cantal del páramo de la carretera de Aranda – ese sí que es un autentico cantal-  han estado yendo, hasta que desapareció la industria del trillo.  En un proceso lógico, más tarde, se sustituiría o compatibilizaría  el uso de los cantos de cuarzo con el pedernal, más duro y, sobre todo, de fractura más cortante y adecuada que habrían de ir a buscar más lejos: a Guadalajara, sobre todo

Por tanto, si hasta que se empezó a generalizar el uso de  las calizas de El  Villar y de El Enebral- hace poco más de un siglo—las construcciones populares que conocemos se levantaron con gorrones, no ofrece mucho riesgo afirmar que , en los orígenes del pueblo, el canto rodado, amordazado por el barro y/ o  por la cal, fue el elemento arquitectónico decisivo en la vida del pueblo como lo  pudo ser el río para Duratón, el almendro para Almendralejo, la fuente y el Rebollo para Fuenterrebollo, los enebros para el Enebralejo, las colmenas para Colmenarejo … Y que,  como en estos casos, el nombre del pueblo pudo estar determinado por este hecho.

Efectivamente, bastantes de los cantos que desaparecen de aquel pequeño cantal  y de los cerros próximos, están, aún, de pie formando los muros de muchos hogares y cercas, ocultos bajo el cemento de la calle Empedrada  y Obispo Castro Alonso , bajo el asfalto de la carretera de la ermita, de la de Cuéllar…Y aún quedan muchos en cerros y cotarros que son las denominaciones populares con que se conoce a estas pequeñas lomas.

En síntesis, asentado sobre un pequeño cantal,  cuyas piedras y barro le sirven para levantarse, no es extraño que al asentamiento se le llame Cantalejo. Se daban las condiciones ideales para que así fuese. Como se daban, para que  habituadas sus gentes a utilizar el canto rodado, a fracturarle; y  a trabajar la madera de sus pinares,  en Cantalejo  naciese  la  industria del trillo. Es evidente que éstas  o similares condiciones se daban en otros lugares, Cabezuela, por ejemplo, y , sin embargo, ni se llamó Cantalejo, ni sus gentes se dedicaron a la fabricación de trillo; por la misma razón que, aunque hay muchos pueblos con pequeños encinares, sólo hay uno que se llama Encinarejo. Lo que resulta muy claro es que, difícilmente, Sepúlveda o  Carrascal del Río reunían las condiciones mínimas para que sus habitantes fuesen “chifleros” y cantalejanos.

Para finalizar permítenos, amigo lector, que te invitemos, ahora que aún estás a tiempo, a recorrer , con  los ojos bien abiertos, porque a veces miramos y no vemos, algunas de las calles y cercas que te hemos indicado. Mejor, el pueblo, entero. Y allá en el otoño, en la época de siembra, llégate paseando por el camino de Carragolván hasta el Canto de los Cascabeles. Y observa a un lado y otro  lomas y cerros.  Si es al atardecer  y con el pueblo al fondo, entenderás mejor el por qué Cantalejo.

Sindimio Gracia, Julián Cordero, Jose Luis Rojo.


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