La partida

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Estaba sentada en su sillón junto a la ventana. La labor reposaba sobre sus rodillas. La mirada, perdida en sus pensamientos, atravesaba las cortinas hacia el exterior.

La puerta se abrió y Sonia entró, dejó las llaves en la mesilla de la entrada y colgó el abrigo en el perchero.  Sus pasos se encaminaron hacia el salón donde Marga la esperaba con el rostro serio, anhelante. Se sentó en el sofá frente a su madre. Su cara expresaba cansancio pero felicidad al mismo tiempo.

-¿Y bien? -preguntó a modo de saludo.

-Sí. Me marcho. Está decidido.

-Ya. -dijo con un hilo de voz-.  ¿Cuándo? ¿Pronto?

-No sé. Imagino que sí. Pero antes tengo que arreglar algunos asuntillos pendientes -dijo alegremente.

-Ah, claro. -Cogió la labor para que sus manos no mostraran el temblor que empezaba a recorrerle el cuerpo.

-No hay otra opción. Allí me va a ir fenomenal. Tendré posibilidad de demostrar lo que valgo, de poner en valor todo mi esfuerzo.

-Sí, eso es cierto. Me alegro mucho. Has estado esperando esta oportunidad durante mucho tiempo.

-Desde luego. Y el equipo con el que voy a trabajar es estupendo. Ya me han enviado emails de bienvenida. El alojamiento ya está listo, sólo falta que mire los billetes de avión.

-¿Ya lo saben tus amigos?

-No. Esta tarde he quedado con ellos y allí les soltaré la noticia. Se van a llevar una sorpresa. -El tono de su voz tenía un matiz de diversión.

-Pues sí. No lo dudo. Me gustaría ver sus caras cuando se enteren.

-Bien. Voy a empezar a mirar vuelos. Estoy impaciente por tenerlo todo preparado. -suspiró levantándose del sofá y dirigiéndose hacia el interior del apartamento.

Marga se quedó sola. La labor volvía a esta en su regazo.

Neus Prades