LIBROS
“Casi veinte años” 1945-1965, desde Cantalejo.
El nuevo libro de Corona Zamarro

May 2nd, 2019 | por Elcantal | Categoria: Libros, Miscelánea

    

EL TÍTULO del último libro de Corona Zamarro nos indica que abarca 20 años, de 1.945 a 1.965.

Pero la historia empieza mucho antes. En la primera parte, ANTEPASADOS, no aparece la autora. Surge de conversaciones con su madre a lo largo de muchos años. Son costumbres de épocas antiguas, formas de vivir de una España rural de secano, con economías de subsistencia.

Los oficios de los que habla son dignos de un estudio antropológico, vestigios de tradiciones y derechos medievales de los hombres sobre las mujeres.

 

Parte del título es DESDE CANTALEJO.

Desde allí salen las cuatro carreteras por donde los cantalejanos se dispersaban por todos los puntos cardinales a vender y arreglar los trillos que se hacían en Cantalejo, solo en Cantalejo, y que abastecían de trillos a toda España desde hacía siglos, milenios, desde la época romana.

Podían vender 30.000 trillos al año, y arreglar todos los que se iban estropeando. Al pasar el trillo sobre las eras una y otra vez, algunas de las piedras que separaban la paja del grano se salían de su ranura, desaparecían, o perdían el filo. Había que reponer las piedras que faltaban, o sacar el filo a las que no cortaban bien, golpeando la parte chata con la habilidad y la maestría de hombres que trabajaban con sílex, como los antepasados de la Edad de Piedra.

 

La historia de Cantalejo es única, distinta de la historia de otros pueblos, al ser el único dedicado a la construcción de trillos, su venta y reparación. Los hombres, en invierno, se dedicaban a construirlos, y en verano salían con sus familias, en sus carros, tirados por caballerías, a recorrer los pueblos de la geografía española, por caminos y carreteras antiguas. Una vida nómada, libre y sin amos, de la que los cantalejanos siempre se han sentido orgullosos.

Cantalejo es un pueblo grande, para Castilla, atravesado por cuatro carreteras, con varias plazas y buenas casas, donde siempre se han  celebrado ferias y un mercado semanal, adonde acudía la gente de los pueblos de alrededor, más pequeños y pobres, y donde siguen acudiendo todavía, animados ahora por numerosas actividades, y por bares y discotecas que no tienen nada que envidar a los de las ciudades. También Cantalejo es ciudad, un título concedido por Alfonso XIII, por el creciente desarrollo de su agricultura, industria y comercio.

 

La autora pertenece a una estirpe de mujeres fuertes, emprendedoras, valerosas, que recorrían los caminos trabajando a la par de los hombres. Mujeres que daban a luz a sus hijos en los pueblos donde se encuentran vendiendo o arreglando un trillo. Mujeres que continuaban su trabajo después de unos días de descanso, traqueteadas en los carros donde daban de mamar al recién nacido.

 

El libro nos habla de la vida privada de la autora, una vida peculiar, plagada de hechos originales y grandes contrastes, de su familia, y de otras familias muy diferentes a la suya. Es también una memoria colectiva de aquellos años.

Pero lo principal de estas memorias es la curiosidad de la niña, y luego de la jovencita, la observación, la mirada comparativa al mundo que la rodea, con frecuencia tan distinto al suyo, sus reflexiones, la vida interior, que la llevan a evolucionar en circunstancias difíciles

 

Después de la primera parte, ANTEPASADOS, el libro se divide en CINCO CASAS, las cinco donde vivió hasta los 20 años.

En la PRIMERA vio a los hombres de su pueblo trabajar como en LA EDAD DE PIEDRA, con una piedra de sílex en la mano, arrancando los trozos adecuados al destino que fueran a darle, sentados al abrigo de sus portadas, que los resguardaban del viento o de la nieve. Aquella niña vio construir los trillos, y salió a venderlos y arreglarlos con sus padres en los primeros años de su vida.

Y durmió en posadas como las de DON QUIJOTE, muchas sin agua corriente, algunas con una triste bombilla amarillenta… Una vida todavía MEDIEVAL.

 

El que al padre de Corona Zamarro le faltara la mano derecha ella lo veía normal. Ya le faltaba cuando nació. La perdió en la guerra, a causa un obús. Llegó desangrándose a la puerta del hospital militar por la pérdida de un dedo, pero la mano se le fue gangrenando hacia arriba y tuvieron que amputar por la muñeca. Cuando despertó de la anestesia le preguntaron qué le dolía y dijo que las yemas de los dedos. La mirada de piedad  de los médicos le hizo fijarse en su brazo vendado, y comprobar que al final le faltaba la mano. Tenía diecinueve años.

 

La familia de Corona aumentó rápidamente: cinco hijos en siete años. Vivían con su abuela, que se quedaba con algunos niños para que los padres pudieran salir con los trillos en el buen tiempo. Como tantas otras mujeres, la abuela Feliciana cuidó de sus nietos hasta los ochenta años, justo hasta que murió.

Con cinco niños tan pequeños, la mayor de 7 años, los padres no podían salir con un carro y un burro por los caminos. Pero el padre, por su condición de Caballero Mutilado de Guerra por la Patria, podía conseguir una portería en Madrid.

La portería fue la SEGUNDA casa donde vivió la autora.

Pero vivió en cinco casas hasta los veinte años, con cambios muy significativos en su vida, llenos de contrastes, en circunstancias traumáticas a veces.

 

La vida es una interpretación de la vida. Los hermanos de Corona Zamarro contarían una historia diferenta a la suya, aunque con los mismos hechos externos, las mismas fechas de los traslados, los mismos lugares. Pero no es lo mismo ser la mayor de cinco hermanos, como ella, cargada de obligaciones desde pequeña, desde demasiado pequeña, al ser considerada responsable, que la hermana tercera, traviesa y distraída. No es lo mismo ser chico que chica, y menos entonces. No se viven las cosas de la misma manera. Tampoco es lo mismo la adaptación a Madrid de los niños que la de los padres. Y el padre no se adaptaba. Era un hombre de bar, un ser absolutamente libre, irresponsable, que no aceptaba obligaciones ni horarios, un hombre inmaduro y feliz.

 

A lo largo de libro se mezcla lo más difícil con lo amable, la normalidad con lo extraño y hasta con el humor, las cualidades de las personas con los defectos y egoísmos. La autora encontró también personas generosas y afectuosas que la ayudaron en los momentos duros del camino, que pagaron sus estudios.

Todo el proceso está ilustrado con 127 fotos de la época, en blanco y negro.

El tono de la narración es amable, con la comprensión y la distancia que dan los años.


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