Mafalda

 

                                         Cantalejo, 14 de abril de 2016

Hola MAFALDA:

¿Cómo estás tú? Espero que muy bien y… no tengas sopa para cenar 😉

Antes de nada, me presento: soy Laura, y estoy encantada de poder saludarte.

El motivo de esta carta se resume en dos palabras: “eres única”.

Y no podía dejar pasar esta oportunidad sin dedicarte estas líneas cargadas de admiración y felicitarte por ser como eres.

Me río contigo, con tus ocurrencias, con tus banalidades tiernas, con tus expresiones y tu forma de dar en el clavo cada vez que abres la boca -bueno o en tu caso, mejor dicho, cada vez que un gran bocadillo se dibuja al lado de tu personaje  y habla por ti-. Pero no me gusta pensar que solo eres un trazo en el papel. Para mí eres una leyenda, ni viva ni muerta, una leyenda atemporal que llegó para quedarse y para que el resto de los mortales -que por aquí sólo estamos de paso- tengamos el grandísimo privilegio de descubrirte y disfrutar, y reír, y pensar… y sobre todo, aprender.

Si cierro los ojos, puedo imaginarme que ando contigo cogida de tu  mano. Vamos juntas por una gran avenida soleada, seguramente sea Buenos Aires, y ahí nos miramos y sonreímos, como amigas de toda la vida. Y no, no quiero que suene cursi, es como es un hechizo y así lo siento.

Te cuento que hay varias cosas, insignificantes, que nos alejan, como que nuestros países de origen se encuentran a 10 mil kilómetros de distancia y que el tiempo en el que me ha tocado vivir es mucho posterior al que tú fuiste creada. Exactamente 56 años después de tu nacimiento me encuentro aquí dedicándote estas palabras. 56 años después, ¿no me digas que no eres importante? Aunque no envejeces, ¡y eso tiene más mérito!, porque con solo 6 años, desde ese día y hasta el infinito de los tiempos, tuviste y tendrás la capacidad de revolucionar el mundo.

¡Gracias, mi gran amiga hechicera!

P.D. Hasta nuestro próximo paseo juntas. Quién sabe cuándo y en qué lugar…

Un enorme abrazo, te aprecia.

Laura Sf