Sentimientos encontrados

                                                       SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

Paloma se encontraba delante de un café bien cargado en el restaurante en el que solía comer al lado de la oficina. Era un día de mucho trabajo y había bajado antes de lo normal para tomar una comida rápida y un café para despejarse, y volver lo antes posible a afrontar lo que le quedaba de su jornada laboral.

Estaba echando el azúcar cuando levantó la vista hacia el televisor y vio como una de las torres del World Trade Center de Nueva York echaba humo negro, algo había impactado contra ella.

-¡Qué barbaridad! ¡Otra película bélica de ataques a la humanidad! Últimamente no dejan de producir películas de este tipo que a mí no me gustan nada.

En la pantalla seguían mostrando imágenes de las torres y en una de ellas se veía como un avión chocaba contra la otra torre produciendo más humo y llamas.

Paloma bajó la mirada y se centró en terminarse el café, tanto realismo le molestaba produciéndole una sensación muy desagradable.

Pidió la cuenta, pagó y se fue sin mediar palabra con nadie, entró en el edificio en el que estaba su oficina, dio las buenas tardes a la recepcionista, llamó al ascensor y subió a su despacho poniéndose inmediatamente a trabajar. No habían pasado ni cinco minutos cuando llamaron a la puerta y, sin esperar respuesta, allí tenía delante a Mercedes, su jefa.

-Hola,  Paloma. ¿Has visto las imágenes de las torres en la televisión?

-Sí, las he visto en el Victoria mientras comía. Ese tipo de películas no me gustan nada, además cada vez parecen más reales y se me ponen mal cuerpo,  ni siquiera me he enterado de quien es el director, Spielberg o tal vez…

-¿Qué película ni qué director…? Estaba pasando en realidad, justo en el momento en que estabas viendo las imágenes. A las 8,47 hora local en el este de de Estados Unidos, un avión se ha estrellado contra una de las torres gemelas de Nueva York y a las 9,03 otro contra la otra torre. Este impacto se ha visto ya en todas las televisiones del mundo, según las últimas noticias, aunque es todo todavía muy confuso,  son los de Al Qaeda y no se descarta que hayan secuestrado algún avión más. Todo es un caos.

-¿Estás segura? No me lo puedo creer, ¿cómo puede pasar esto nada menos que en EE.UU.?

-He venido a decírtelo, porque… ¿tú no tenías un hermano que estaba allí trabajando?

-Sí, pero mi hermano está en Boston, precisamente ayer hablé con él y me dijo que tenía unos días de vacaciones e iba a ir con unos amigos a conocer Los Ángeles. Lleva allí sólo cuatro meses y cada vez que puede se dedica a hacer turismo.

-¡Ah! Bien, entonces sólo se verá afectado en el tema de aeropuertos. Mal día ha elegido para viajar, porque por lo visto han cerrado el espacio aéreo de Nueva York.

-Muchas gracias por informarme, si no es por ti, no me habría enterado de nada hasta que hubiera salido, tengo mucho trabajo y pensaba estar aquí cerrada toda la tarde. Ahora haré lo mismo, pero voy a poner la radio para ir escuchando lo que va ocurriendo y además voy a llamar a mi hermano a ver que me cuenta.

-Yo también voy  a continuar con lo mío a ver si soy capaz de centrarme, estas noticias aunque no te afecten directamente te dejan muy tocada. Cuando hables con tu hermano me pones al corriente de lo que te diga. Bye.

-¡OK! Te mantengo informada y gracias de nuevo. La verdad es que la realidad supera la ficción. ¡Y yo pensando que era una película!

Mercedes salió de su despacho, mientras ella marcaba el número de teléfono de su hermano Alberto.

-¡Vaya, “Apagado ó fuera de cobertura”! ¡Qué oportuno! ¿Dónde estará?

Un poco contrariada volvió a  reanudar su trabajo pensando en volver a intentarlo de nuevo un poco más tarde, pero una de las noticias de la radio llamó su atención, subió el volumen y escuchó:

«El primer avión que choca contra la torre Norte del World Trade Center era el vuelo 11 de Américam Airlines, un Boing 767 con 92 pasajeros a bordo. Despega del Aeropuerto Internacional Logan de Boston hacia Los Ángeles y el segundo es el vuelo 175 de United Airlines, un Boing 767 con 67 pasajeros a bordo. Despega del Aeropuerto Internacional Logan de Boston hacia Los Ángeles. Los dos vuelos han sido secuestrados por componentes de Al Qaeda y desviados de su ruta original para…»

Paloma ya no escuchó más, su cabeza empezó a dar vueltas y repitió en voz alta:

-Los dos aviones salían de Boston e iban a Los Ángeles, ¡no puede ser! ¡Esto no puede estar pasando! ¿Mi hermano puede que haya cogido uno de esos vuelos?

Mientras pensaba en ello, lo negaba y lo negaba, volviendo a marcar el número de su móvil, pero recibía la misma respuesta: «El móvil al que llama está apagado ó fuera…» Tiró el móvil contra la pared siendo incapaz de controlar ya sus nervios. Daba vueltas y vueltas por el despacho sin saber qué hacer, diciéndose a ella misma que debía mantener la calma y pensar con frialdad. Recogió el móvil y mientras lo iba montando, se le ocurrió llamar a su compañero de piso, ¡Eso, es! Él la podría sacar de dudas en cuanto a dónde había ido su hermano y a qué hora había salido, incluso a lo mejor tenía suerte y sabía el vuelo que había cogido.

-¡Nada, las líneas estaban  colapsadas! ¡Mierda!

Salió deprisa y fue al despacho de su jefa, le contó lo que pasaba y el presentimiento que cada vez tomaba más forma en su cabeza, Mercedes intentó tranquilizarla aconsejándole que lo primero que se le venía a la cabeza es que se pusiera en contacto con la embajada a ver si tenían alguna lista de pasajeros españoles que pudieran ir en los aviones etc. Le agradeció el consejo, pero los nervios ya no le dejaban actuar coherentemente, por lo que Mercedes buscó el número y Paloma con voz temblorosa habló:

-¡Buenas tardes! Me llamo Paloma Muñoz y mi llamada es referente a los atentados que se han cometido en Nueva York. Quería saber si ustedes podrían ayudarme a buscar a mi hermano. Está trabajando en Boston  y sólo sé que hoy tenía intención de volar a Los Ángeles y no consigo localizarle. Me temo que podría ir en uno de los aviones que han sido estrellados, estoy muy nerviosa y no sé dónde debo acudir, ni que tengo que hacer. También he llamado a su compañero de piso, pero las líneas de teléfono están colapsadas.

Mientras hablaba, el llanto, que ya no era capaz de controlar, le iba entrecortando la voz.

-¡Tranquilícese señorita, por favor! Vamos a intentar ayudar, pero necesitamos tiempo, es todo muy confuso y estamos en contacto con la embajada de España en EE.UU., pero aún es muy pronto. Nos va a dar los datos de su hermano y en cuanto podamos averiguar algo se lo comunicaremos. Soy la secretaria del embajador. Él está reunido con altos cargos del gobierno y, dentro del caos y la confusión existente, están trabajando duro para tener respuestas lo antes posible.

-Mi hermano se llama Alberto Muñoz Parral, tiene 28 años y desde hace cuatro meses está trabajando en Boston con una beca en un proyecto de investigación en colaboración con la Universidad de ese país. Él es Biólogo. ¿Necesita algún dato más?

-No, con esto es suficiente por el momento. Perdón, ¿sabe el vuelo que tenía pensado coger?

-No, no tengo ni idea. Si consigo hablar con su compañero y me dice algo nuevo, se lo comunicaré.

-Perfecto, siga intentando ponerse en contacto con alguien que pueda darle más información y manténgase atenta al teléfono. Nosotros en cuanto tengamos alguna novedad la llamaremos. Me dijo que se llamaba Paloma, ¿verdad?

-Sí, sí, Paloma Muñoz.

-Está bien, Paloma, procure tener paciencia y sobre todo es muy importante que no pierda la calma. Esto va a llevar mucho tiempo y va a ser muy complicado. Intente no estar sola, nos mantendremos en contacto.

-De acuerdo, lo intentaré y muchas gracias.

-¿Qué te han dicho?

-Que todavía no se sabe nada, que hay mucha confusión y que tenga paciencia. Voy a llamar otra vez al compañero de mi hermano

-¡Vale! Pero siéntate, yo mientras voy a prepararte una tila.

Volvió a marcar otra vez los dos teléfonos, el de su hermano; la misma cantinela y en el de su amigo; ¡daba la llamada! Ella se puso de pie como si tuviera un resorte en la silla.

-¡Yes, hello!

-¡Hello, Peter! Oye mira, soy Paloma, la hermana de Alberto, ¿Me entiendes verdad?

-Sí, sí, dime ¿Qué tal?

-Bien, yo bien, pero quería preguntarte si sabes qué vuelo ha cogido mi hermano esta mañana a Los Ángeles. Necesito saber que no iba en ninguno de los dos vuelos que se han estrellado contra las torres.

-Lo siento Paloma, no lo sé, sólo sé que salió muy temprano hacia el aeropuerto, pero no puedo ayudarte además le…

Ella ya no escuchaba, colgó el teléfono y todo el aplomo que había estado intentando mantener se vino abajo. Se hubiera desplomado si en aquellos momentos no hubiera entrado Mercedes sujetándola y ayudándola a sentarse haciendo que bebiera unos sorbos de tila.

-Tranquilízate, no debes ponerte en lo peor. Mientras no se sepa nada aún hay esperanza y esto no te ayuda a pensar con claridad

-Pero cada vez es más evidente que uno de esos vuelos pude haber sido el suyo y en estos momentos puede estar muerto ¡muerto sin haber podido hacer nada!

-Y yo ¿qué hago? No puedo permanecer aquí tranquila, esperando a que me lo confirmen ¿Qué puedo hacer? Además no tengo a nadie, ya sabes que mi padre está ingresado, desde la muerte de mi madre no levanta cabeza, ya hace seis meses y cada vez tiene más depresión y vive más metido en su mundo. ¡No puede enterarse, se moriría! Estoy agotada, durante este tiempo he llevado las riendas de tres vidas y ¡ahora esto! No puedo más, no puedo…

Mercedes se abrazó a ella sin saber muy bien qué decir, pero infundiéndole el cariño que ella necesitaba en esos momentos. Como pudo la fue convenciendo  para que recogiera y se fuera a casa. Allí podría esperar las llamadas y estar más tranquila. Ella iba a acabar un asunto urgente del trabajo e inmediatamente iría para que no estuviera sola.

Paloma llegó a su casa y se dirigió al listín del teléfono para buscar el número de su prima Berta. Era una prima lejana y apenas se veían, pero recordó que había estado en el funeral de su madre y que trabajaba en el Ministerio del Interior. A lo mejor ella podía ayudar en la búsqueda, al menos tendría contactos. Marcó su teléfono y le contó lo que sucedía. La respuesta fue inmediata, en ese momento se acercaría a su casa para estar con ella y hacer unas llamadas. Mientras llegaba, pensó en buscar los vuelos que había a EE.UU. por si se tuviera que desplazar allí. Eso la entretuvo un buen rato hasta que sonó el timbre de la puerta y miró el reloj viendo que ya había transcurrido casi una hora, por lo que pensó sería su prima ó su jefa y sin más abrió la puerta.

Su cara fue todo un poema, no podía creer lo que veía:

-¡SORPRESA!

-¡Pero tú eres idiota! ¡Imbécil!

No pudo decir nada más, lloraba, le daba puñetazos y abrazos dando la bienvenida a su hermano que había pasado todo el día viajando para darle una sorpresa y pasar con ella sus vacaciones.

                                                                                                                                                  M.C.V.