Un extraño suceso

image

Ya sólo quedaban cinco horas para terminar mis vacaciones en Berlín. Una ciudad llena de historia que siempre me había llamado mucho la atención, ya llevaba allí cuatro días y durante todo ese tiempo una sensación extraña me invadía, era como que todo me llegaba muy dentro. En esas horas previas a mi partida, había decidido volver a visitar el Monumento en memoria a los judíos de Europa asesinados, porque había perdido mi cámara y el día que estuve había grabado impresiones en ella que quería volver a plasmar. Pedí prestada su cámara a un amigo y quedé con él y el resto en vernos en el hotel, una hora antes de salir para el aeropuerto.

Me encaminé hacia el monumento, una gran superficie llena de losas de hormigón de distintas alturas, algunas de una altura superior a los cuatro metros, colocadas tanto en vertical como horizontal por lo que en algunas de las zonas la sensación puede ser un poco agobiante.

La verdad es que el lugar me  impresionaba y me ponía los pelos de punta, ya que paseando por allí acudían  a mi memoria imágenes que había visto en televisión y en películas sobre el Holocausto.

Pero había vuelto para poder llevarme plasmado en un vídeo todas esas sensaciones y no tenía mucho tiempo, por lo que me dije a mí misma que debía comenzar cuanto antes. Me preparé psicológicamente y cuando me disponía a dar al botón de play, sentí que alguien me cogía de la mano, yo contrariada intenté soltarme y entonces me di cuenta que me encontraba en un campo de concentración. Estaba rodeada de soldados que me tendían su mano y una manta para que me cubriera, yo era incapaz de reaccionar, sólo los miraba y asustada me encogía acurrucándome en un rincón muerta de miedo y de frío, intentaba cubrirme pues me daba vergüenza mostrar mi cuerpo que apenas era un amasijo de huesos y pellejos colgando, parcialmente cubierto por la bata rallada, rota y harapienta. No me quedaban fuerzas ya para nada, ni siquiera podía llorar.

–  ¡Ya sólo quedan estos! Oí decir a uno de los militares, parecía el fin de todo aquello y yo sentía miedo, mucho miedo. Después de todo lo que había soportado y sufrido ahora…, ¿qué iba a ser de mí? ¿me sacarían de allí? Pero…, ¿dónde iba a ir? Había perdido todo y a todos, en mi interior sólo había oscuridad, entonces me llamó la atención un niño que cogido por uno de los militares me pedía ayuda  y extendía su mano hacia mí, casi sin aliento y gimiendo decía ¡mamá…!

¡Mamá, mamá! ¡Despierta! Ya está, la terapia ya ha terminado. Abrí los ojos llenos de lágrimas y desconcertada, vi a mi hijo a mi lado que me ayudaba a incorporarme de una camilla dónde me había sometido a una sesión de hipnosis para dejar de fumar.

– ¿Pero qué te ha pasado?  ¿Por qué estás llorando? ¿Qué es lo que has sentido?

– Nada, nada, tranquilo, ya estoy bien. No recuerdo nada, no sé.

Mentí a mi hijo para que no siguiera haciendo preguntas.

Nunca he contado lo que había vivido, ni he querido someterme nunca más a hipnosis, ni volver a ver al médico, pero no he logrado quitarme de la cabeza lo que sentí ¿había ocurrido de verdad? ¿Por qué había sido todo tan real? Yo había estado en Berlín, sí, pero como turista, yo no era judía, o ¿sí…? Tampoco conocía antepasados que…

El subconsciente juega malas pasadas, eso es lo que quiero creer que me ha sucedido.

 

                                                                                                                                                        M.C.V.