Ya sólo quedaban cinco

 

Ya sólo quedaban cinco.

Cinco días para salir de la clínica en la que había decidido ingresar para superar su alcoholismo y donde llevaba cinco meses.

Se sentía realmente confuso ante la situación, toda su familia se encontraba feliz porque por fin había terminado ese duro período pero el no estaba seguro de si podría volver a tener su vida anterior.

Hasta la época del boom inmobiliario había desempeñado magistralmente su profesión como vendedor de sueños pero la burbuja había estallado y el no había podido asignar los últimos chalets y comenzó una vertiginosa etapa de nervios y estrés cuyo nivel fue aumentando de día en día y terminó refugiándose en el alcohol haciendo daño a su mujer y a toda su familia.

Finalmente en un momento de lucidez y hablando con su mujer y su mejor amigo acudió a un psicólogo y tras una larga pelea consigo mismo admitió que lo mejor sería ingresar en una clínica de desintoxicación.

La primera etapa fue realmente dura. Sentía un gran dolor físico y psicológico por el mono y por la carencia del falso consuelo que le prestaba la bebida pero lo que en verdad era imposible de superar era la separación de su esposa y de sus hijos, especialmente del pequeño al que no sabía como explicarle que su padre no dormiría con él esa noche ni ninguna otra en una larga temporada, ni le podría contar los cuentos con los finales que ellos cambiaban cada noche según hubiera transcurrido el día ocasionando muchas veces que Blancanieves se encontrara con el Soldadito de plomo o que la Sirenita apareciera montada en caballo junto a Pocahontas.

Poco a poco se fueron acostumbrando a las visitas semanales si bien los exámenes de los mayores no siempre les permitían acudir tanto como a ellos les hubiera gustado.

Había conocido toda clase de personas en el centro y si bien tenía que reconocer que en un primer momento había tenido mucho miedo en seguida pudo apreciar que la mayoría de las personas tenían muchos problemas pero normalmente un corazón muy caliente y dispuesto a compartir los duros momentos con los compañeros.

 Olmo Melson.